Día 1. Diario de viaje. OPORTO.

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La primera jornada de este viaje que nos llevará a conocer la zona portuguesa de Oporto y las Rías Baixas gallegas comenzó como no puede ser de otra manera con un largo viaje en coche (aunque si podría, viajar en avión, combinar trenes, etc). El punto de partida, la ciudad de Hellín (Albacete) y el de llegada, Porto (Oporto, Portugal). Son alrededor de 970 km de distancia que por suerte yo recorrí en un 80% del trayecto durmiendo. La ruta indicada por el gps fue la de llegar hasta Madrid, atravesar algunas zonas de Castilla y León y pasar por Galicia para coger rumbo a Oporto.

Durante el trayecto hicimos las pertinentes paradas en áreas de descanso, que debo decir que han aumentado su calidad respecto a las últimas veces que he viajado. Lo interesante del trayecto no fue otra cosa que la parada realizada en Sanabría donde pudimos disfrutar de algunas pinceladas de lo mejor de la comida gallega en este restaurante, aunque seguro que encontraremos cosas mejores:

En mi caso pude disfrutar de mi primer caldo gallego de las vacaciones, con deliciosos berros, altamente recomendableporque es un caldo pero no se hace pesado y podría decir que es hasta “refrescante”: /modo irónico off. La comida está siendo potente eso sin duda, ahora que nos vamos a chupar los dedos es seguro…:)

Una vez llegados a Oporto tuvimos que buscar el hotel con ayuda de la amabilidad de los portugueses que sin lugar a dudas llega a ser excesiva pero que no viene mal cuando uno necesita que le echen una mano para encontrar el camino. Sobre todo cuando el pobre TomTom se vuelve loco y ya no sabe ni donde dirigirte. Gran anécdota porque el hombre al que le preguntamos no se cansaba de dar indicaciones y a pesar de ser bastante mayor corría detrás de nosotros hasta el siguiente semáforo para darnos más indicaciones, no había quien huyera de él. Por otro lado el TomTom daba direcciones inconexas y no había quién lo apagara, no es lo mismo contarlo que vivirlo desde luego, pero yo haría hasta un corto del asunto… jeje

Finalmente encontramos la dirección correcta del Hotel AC Porto ****, que se encuentra junto al Estadio do Dragao  y el Centro Comercial Continente (Dolce Vita), a las afueras de Oporto. Que decir del hotel, una auténtica pasada como todos los que pertenecen a esta cadena, cuenta con servicios múltiples gratuitos que se convierten en detalles únicos para los clientes (fitness, sauna, minibar, WIFI, biblioteca, coffee shop 24h, lounge room 24h, bar gratis hasta las 12:00…), de los que probablemente no usemos casi ninguno. Además como se aprecia en las siguientes fotos el hotel cuenta con unas habitaciones bastante cómodas y de buen diseño que a mí personalmente me han encantado por el rollo moderno y minimalista.

Tras la llegada y familiarización con el hotel lo que realmente nos interesaba era una primera toma de contacto con la ciudad así que cogimos el metro y en 10 minutos estábamos en la zona antigua de la ciudad. Hicimos una visita rápida la Plaza de los aliados, a la ribera del Duero, al puente de Eiffel…

Es especialmente llamativo como se saca partido en esta ciudad a lo antiguo, a lo casi decrépito de los edificios, del ambiente para convertirlo en su mayor atractivo. Allá donde mires encuentras edificios cargados de espíritu bohemio y atemporal, lamentablemente no era el mejor día para sacar fotos porque estaba cargada de falta de inspiración, como se puede comprobar también en esta entrada, pero lo solucionaré.

En el camino decidimos echar un vistazo al conocido como uno de los McDonals más bonitos del mundo, al parecer la empresa compró el edificio de una antigua cafetería de la Plaza de los Aliados y el pueblo porteño se les echó encima por querer cambiar tan emblemático lugar. Pero en vez de convertir todo este asunto en un problema, lo convirtieron en una ventaja aprovechando lo que encontraron y reformándolo de tal manera que unificó el antiguo aspecto del local, con el típico aspecto de un McDonals. Fue interesante la mezcla de cafetería antigua y de lujo, con fast food…….


Cenamos a las orillas del Duero en un bonito restaurante típico que encontramos y volvimos al hotel para reponer fuerzas para la jornada de mañana.

Como veréis no es mi entrada más inspirada y por más que la leo no la veo más que pedante y un panfleto publicitario. Pero en el siguiente post espero darle una vuelta de tuerca a este asunto y ponerle un poco más de mí. Después de todo esta es la jornada de trámite, la que nos embarca en esta nueva travesía, no podemos pedirle demasiado para ser la novatada.

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