Día 2. Diario de viaje. OPORTO y AVEIRO

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La segunda jornada comenzó para ser intensa, había que adentrarse verdaderamente en las calles de Oporto y hacerlo con las energías suficientes para poder disfrutar de las vistas. Tras un delicioso desayuno en el hotel cogimos el metro en la estación y nos dirigimos a la Plaza de los Aliados.

Continuamos nuestro paseo por las calles portuguesas visitando la Iglesia do Carmo, unida a un convento y visitando también una antigua y ornamentada librería conocida por su estilo antiguo, que estaba llena de turistas, sobre todo españoles y donde a pesar de haber libros en todos los idiomas nadie se planteaba ni comprarlos. Era una preciosidad, tan cuidado como la mayoría de los puntos de interés que nos encontramos en esta ciudad. En Portugal, y en Oporto en concreto consiguen sacar de lo antiguo un partido impresionante, no cambiando ni un ladrillo de la estructura original. Paseamos tranquilamente hasta encontrarnos con la catedral de la ciudad, donde curiosamente se estaba celebrando una boda, lo mejor de este paseo fue las vistas de la ciudad desde arriba:

Posteriormente nos dirigimos callejeando hacia la famosa Ribera del Douro, que ya habíamos visitado la tarde anterior pero que por supuesto teníamos que explorar con más ánimos.

La ciudad llena de contrastes

Es muy recomendable callejear por cualquier ciudad para descubrir su verdadera esencia, para encontrar a los ciudadanos de verdad, para ver el verdadero pulmón de la ciudad pero teniendo en cuenta que te puedes encontrar a todo tipo de personas, así que precaución. 😉

Una vez llegados a la ribera esperamos para embarcar en un  barquito por el río y así explorar como se merece esta zona, esta zona es una auténtica pasada, el rollo vintage, retro o como lo queráis llamar, pero para mí un auténtico paraíso de imágenes.

Aquí unas imágenes sacadas durante el rato de travesía, que fue bastante chulo, lo único es que hace un calor asfixiante, raro en estos días y que como no, nos ha tocado a nosotros. jejeje


Tras el paseo no podíamos hacer otra cosa que comer, tras la experiencia bastante regular de la noche anterior con uno de los restaurantes decidimos guiarnos por el instinto en otro Flor do Muro, deliciosa comida y un trato totalmente agradable. Mi padre se pegó una buena comilona con una olla que tendría la capacidad de por lo menos un litro, lleno de caldo, pescado y marisco. Simplemente delicioso y a un precio genial.

Tras esta agotadora mañana no nos quedaba otra que hacer uso de una buena spanish siesta para reponer fuerzas. Una vez descansados tomamos rumbo a Aveiro un pueblo conocido como “la Venecia portuguesa” pues bien, en cuanto a esta ciudad ni tanto, ni tan poco. Es una bonita ciudad, arreglada con mimo como la mayoría de los rincones que hemos visitado estos días, explotada sin que se note y preparada para ser apreciada. No es Venecia, porque es pequeña, pero si es Venecia porque sus pequeños canales le dan el mismo espíritu.

Y así concluyo nuestro segundo día en terreno vecino, con una sonrisa en la cara, mucho sueño en la mente y mucho peso en las piernas, pero aún nos queda mucho por caminar.

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