Día 3. Diario de viaje. Guimarães

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Llegados a este punto final de la estancia en Portugal decidimos ser incongruentes y visitar el comienzo de esta nación portuguesa, este comienzo lo encontramos en la ciudad de Guimarães. Se trata de una ciudad medieval con sus murallas, iglesias, calzadas y demás de esa época. Como puede observarse no muestro demasiado entusiasmo por lo que nos encontramos allí. Esto se debe a que no estoy realmente interesada en lo que vimos. Conozco el valor histórico que tiene una ciudad medieval como esta, pero aún así no termina de interesarme.

Para los que estén interesados en este tipo de ciudad monumental, es una auténtica pasada porque estaba muy cuidada y perfectamente adornada como podemos ver en la foto. Es algo llamativo que en Portugal se cuiden de tal manera las ciudades, sigo pensando que tenemos mucho que aprender de ellos a raíz de esta visita.

En esta ocasión comimos en un restaurante llamado Cheer’s donde nos sirvieron cocina podríamos decir creativa, de una manera impecable y a un precio envidiable. La verdad es que el precio era tan barato para lo que allí nos dieron de comer que parecía que se hubiesen equivocado. Un lujo de restaurante. 😉 Finalmente volvimos a Oporto cansados otra vez del calor asfixiante y de las cuestas portuguesas para descansar de nuevo en el hotel. Cuando llegó la hora de cenar decidimos cenar en el centro comercial Dolce Vita que está junto al Estadio do Dragao del FC Oporto. Coincidimos aquí con los aficionados de este equipo que venían de ver el partido de presentación. Debo decir que el centro comercial es uno de los más bonitos que yo he visto, todos los detalles que pulen los portugueses me han hecho darme cuenta de que tienen mucho estilo y mucho sentido de la decoración elegante.

Para concluir nos tomamos unos helados (de los que lamentablemente no tengo foto) que le harían palidecer a los gelatos italianos, deliciosos, enormes, baratos, genialmente presentados. Estos portugueses nos están ganando la batalla, así que dejemos de subestimarles porque están haciendo las cosas realmente bien y están creando una máquina de turismo increíble. A mí me han enamorado y sin duda me han convencido para volver en cuanto pueda.

Con esto nos despedimos de Oporto, la ciudad congelada en el pasado en el mejor sentido de esta expresión, la ciudad de la ribera, de los detalles cuidados y de la elegancia. La ciudad que ha robado parte de mí y se lo ha quedado en sus calles, así que tendré que volver a recogerlo. 😉

Mañana comenzamos con el diario gallego. 🙂

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