Día 7. Diario de viaje. Costa da morte y Finisterra

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Tras el día de descanso tocaba un nuevo madrugón y un nuevo “paseo” en coche para llegar hasta la Costa da morte. En el camino nos internamos en la Galicia profunda con sus vacas y su olor a caquita de vaca, con sus señoras que refunfuñan en gallego, con sus casitas de piedra y sus caminos de tierra. Fue interesante esta ruta por la que el Sr.Tomtom nos encaminó porque nos mostró la verdadera esencia de Galicia, esencia que no volvimos a ver en el resto del viaje. Finalmente llegamos a la Praia de la Langosteira que se encuentra a pocos kilómetros del cabo de Finisterra donde pudimos relajarnos. Era una preciosa e inmensa playa prácticamente desierta, con el frío Atlántico al frente y la brisa marina ayudando a mitigar el calor de las horas clave del mediodía.
Después de un pequeño almuerzo y un buen descanso en la orilla:
Decidimos que no había mejor sitio en toda Galicia que esta playa de la Langosteira para disfrutar un buen arroz con bogavante, a precio de excepción y en un lugar incomparable.
Aquí queda claro que el que más disfrutó como un niño fue mi padre que comió hasta decir basta, eso sí yo no puedo decir otra cosa que me rendí hasta chuparme los dedos con este arroz aunque no sea yo muy de mariscos ni de paellas. Un lujazo.
Echamos una relajante sombra a la sombra de los altos pinos que había y nos marchamos hasta el fin de todo, el fin de la tierra para muchos, el lugar donde se esconde la magia de Galicia, la puerta de entrada para las bruixas y la de salida para el espíritu de los peregrinos. Finisterra.
En el momento de llegar al cabo sentí el síndrome de Stendhal de la naturaleza, por mis ojos no cabía más belleza, nos  encontrábamos solos ante el mar, en un lugar de libertad pura y plena y no pude hacer otra cosa que intentar fotografiarlo para cuando pueda recuperarme de este síndrome poder apreciar de verdad lo que allí nos encontramos. La bruma sobre el mar, el azul del mar escondiéndose del cielo, los peregrinos con pies firmes que se atrevían a retar la última cuesta hasta su gloria personal, el silencio que escondía un rumor frío, no quedaba nada más frente a nosotros o eso nos decía la vista….:)
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