Primera semana – Edinburgh, love at first sight

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Esta parte del diario viajero es para aquellos que quieran saber de mis sensaciones en Edimburgo, relacionadas a la ciudad. Puede ser un poco cansada para a quién no le interese la ciudad pero prometo que no escribo datos sobre los lugares (los enlazo a Wikipedia para más info).

Llevo aquí apenas una semana y desde el primer segundo que pasé en ella tengo la sensación de estar en una de las ciudades con más magia del mundo. Apenas el avión se iba acercando el aeropuerto los ojos ya podían ver Arthur’s Seat como una especie de corazón verde que sobresale por encima de todo. Pero no sólo te encuentras con eso, en el centro a lo lejos se ve una ciudad oscura pero que a la vez emana cierta luz especial. Es curioso ver las cosas desde un avión porque a esa velocidad los coches, los trenes, las nubes, todo parece congelado en el tiempo. En contraste con la oscuridad que de repente nos enseñaba una basta capa de nubes, nos encontramos con que el avión bordeaba una enorme playa, ahí estaban Portobello y Leith.

El primer día que cogí el autobús no podía encajar lo bonita que me parecía la ciudad. La definiría como una mezcla entre una tromba de lluvia y los primeros y los últimos rayos del sol. Sí, todo suena muy cursi pero Edimburgo es eso. Es una mezcla entre los edificios negruzcos, victorianos y envejecidos con la luz que resalta de cualquier flor, de cualquier puerta pintada en colores vivos.

El autobús se adentra en Princes Street, que no tiene otra palabra para definirla que majestuosa y ajetreada allá donde mires. Los edificios que no son excesivamente altos pero que se alzan como si fueran muchísimo más grandes nos muestran la parte adinerada, atestada de tiendas, marcas caras y asequibles. Pero ¿qué hace diferente a Edimburgo? Que cuando miras al otro lado de la acera te encuentras con un enorme parque, con edificios increíbles que te lanzan a otro tiempo muy lejano al que estás viviendo en la calle.

Aún no estoy muy hecha a los nombres de los lugares que visito y es como que van apareciendo por sorpresa y por casualidad. Lo que les hace más especiales, es como que llego a ellos cuando estoy preparada para admirarlos.

En este primer día paseamos por Princes, y subimos al Scott Monument que es lo primero que ha captado mi atención. No puedo evitar pasear por esta calle sin embobarme mirando este edificio cada pocos minutos. No sé muy bien que es lo que tiene, porque no es demasiado alto, no es especialmente bonito pero me parece increíble. Recomiendo la subida a él porque da una visión más amplia de Princess Street y te hace ver un un mapa claro y en movimiento de la ciudad de Edimburgo.

Old Town

Princes Street

 

Desde allí vimos las columnas de Calton Hill y decidimos ir a ver un poco y decidimos ir hacia allí para aprovechar el buen día que nos había tocado. Subir esta colina te hace sentirte como en una falsa atenas, más fría y más verde. Es un lugar apacible e indispensable visitarlo, de hecho creo que será mi visita obligada casi una vez por semana. Las vistas desde allí son impresionantes. Arthur’s Seat a la derecha, Princes Street al frente, el Holyrood Palace al fondo al pie de la colina.

Vista desde Calton Hill

Merece la pena subir al monumento de las columnas para poder observar mejor el palacio al fondo, si uno sabe concentrarse en este tipo de lugares puede sentir que vuelve atrás en el tiempo. Cuando miras en dirección al Holyrood Palace, escondido entre las colinas, nadie diría que te encuentras en pleno siglo XXI. Una de las cosas más importantes de esta ciudad es esa, su capacidad para transportar en el tiempo. Las vistas son impresionantes desde cualquier punto y merece la pena hacer el paseo que hay por allí.

Pero yo seguía impaciente, aún no había pisado la Royal Mile y tenía muchas ganas de cruzar el puente para encontrarme de lleno con Old Town. Y que maravilla, si estar en Calton Hill te traslada a otro tiempo la Royal Mile va más allá. Casi puedes sentirlo, incluso la gente parece mimetizarse con el ambiente. Los suelos de piedra, la lluvia que ha dejado mojadas las calles, el ajetreo, la luz, como me gusta la luz en Edimburgo. De Old Town y Royal Mile aún no puedo contar todo lo que me gustaría, por suerte tengo todo el tiempo del mundo para visitar sus rincones y sacar mucho más de cada esquinita.

Lo poco en lo que me adentré en Old Town fue la plaza donde se esconde el Writers Museum, allí donde se reunían los intelectuales a hablar sobre sus ideas, a escribir y a pensar. Y ves esa plaza, que parece seguir tal cual la dejaron y entiendes como la gente se inspiraba allí para escribir sobre cualquier cosa y para darle palabras a las cosas que parecen no tenerlas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablar personalmente sobre mi semana, es hablar de que he necesitado una semana para posar los pies en el suelo. Cuando alguien vive cada momento como yo, con tanta expectación, cuesta encontrar tu lugar en tan pocos días. Pero poco a poco todo empieza a verse más nítido. La premisa principal: Disfruta de esto porque puede que no puedes volver a hacer algo así nunca en tu vida. 🙂

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Un comentario »

  1. ohhh, que envidia!! me encanta las ciudades con mucha piedra, tiene que ser alucinante. Algunas de las fotos parecen sacadas de periódicos de princicipios del SXIX, pasear por esas calles tiene que ser una vuelta al pasado. Debes sentirte como dentro de los decorados de una película ambientada. Es maravilloso!!

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