Tercera semana – Edinburgh, how could be better?

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Llegamos a la tercera semana, a la que yo defino como cuando empezamos a movernos por aquí en “modo experto”. Nos sabemos la ciudad como la palma de nuestra mano aunque nos quedan muchos trocitos por explorar, por no hablar de todos los pubs que aún tenemos por visitar ¿cientos? ¿miles? Pero bueno, una de las cosas que estoy aprendiendo por la falta de tiempo es que es mucho mejor descubrir una ciudad a sorbitos que beberlo todo de golpe.

Con Laura

La semana estuvo marcada porque al fin Laura (una cántabra majísima que me va a acompañar durante toda la aventura…^^) y yo pudimos hacer el Free Tour que te enseña los entresijos de Old Town. Podría entrar a explicar todo lo que nos contaron que fueron muchísimas leyendas e historias reales sobre la ciudad de Edimburgo y sobre Escocia. Mi resumen sería que aún no he llegado a entender de todo cual es el mecanismo por el que funcionan los escoceses, pero su locura empieza a parecerme una de las mejores opciones de vida que existen. Lo resumiría todo en que esta gente no se preocupa, se emborracha. Y no es que me quiera dar al alcohol como forma de vida, pero su visión de dejar pasar y ser feliz es bastante acertada. 😉

Lo que más palpable es en esta ciudad en relación con su pasado es que esta ciudad ha sido “grande” y digo grande entre comillas porque no es una ciudad con demasiados habitantes, ni tampoco es grande en extensión pero tengo la fortuna de vivir en una de las ciudades que fue considerada la más importante de la época de la ilustración, que se puede reír de sus vecinos ingleses porque cuando allí la universidad era sólo para clérigos y la madurez de su sistema social estaba en pañales aquí luchaban por la educación del pueblo. Pero a la vez mezclan eso con una forma de ser rayana a la locura, que las hace hacer cosas del tipo robar la famosa piedra del destino cuando estuvo en manos inglesas (recomiendo encarecidamente leer sobre esto porque es para troncharse…) Aunque resumiendo lo que recomiendo es que si alguna vez venís hagáis uno de estos tours porque realmente te dicen mucho de como es la ciudad y hacen que pasear ya no vuelva a ser lo mismo.

Esta semana también estuvo marcada por la despedida de nuestros compañeros de aventuras durante estas tres semanas, la verdad es que da realmente pena despedirse de la gente porque la vida aquí deja de ser lo mismo conforme se van marchando. Lo bueno es que las despedidas se hacen a base de salir de pubs, y eso siempre es sinónimo de descubrimiento. Esta vez estuvimos en el conocido Frankestein, un pub bastante caro y que no terminó de merecer la pena porque no pudimos ver el espectáculo del monstruo apareciendo. Una pena. Lo que si que confirmo que merece mucho la pena es la zona de Grassmarket (tanto de noche como de día) tiene encanto y atmósfera, es de ese tipo de cosas que está llena está ciudad, de ese tipo de cosas que uno no sabe describir.


Una vez despedidos todos, tras una ¿penúltima? visita al National Museum y su azotea, decidimos planear el fin de semana. La idea era disfrutar del Edinburgh Open Doors Day, que consiste en todo un fin de semana en el que muchos monumentos cerrados al público son abiertos y muchos otros en los que se suele cobrar entrada son gratuitos. Desafortunados nosotros que este ha sido el primer año en el que la visita al castillo no ha figurado entre las opciones. 😦 Pero a la vista del estrepitoso fracaso que supuso este plan poco nos importa que estuviera incluído o no. El caso es que la mayoría de las cosas que figuraban en la extensa lista requerían de reserva previa y no lo descubrimos hasta explorar un poco y agotar la mañana de un lado para otro.

Lo que realmente mereció la pena de esta mañana fue poder visitar el Royal Lyceum Theatre Edinburgh que estaba ambientado con algunos actores simulando a los supuestos fantasmas que viven en él y donde se podía ver y visitar (en este caso con reserva) el escenario preparado para Mary Queen of Scots got her head chopped off. La obra, a juzgar por lo que vi en el escenario y por lo que pude ver y leer después promete psicodélica por los cuatro costados y claro eso es sinónimo de que tenga muchísimas ganas de verla. ¿Quién sabe? Quizás en unas semanas pueda pagarme la entrada de 15 libras para ir a echar un vistazo. El caso es que visitar el liceo me recordó a mis amigos los artistas y como lucirían de bien en ese escenario y en ese teatro tan sofisticado, a lo mejor algún día puedo decir que tienen algún cartel colgado por aquí. O quizás sea la próxima paranoia Theatrae lo que acabe estrenándose por aquí. 🙂

Con este tiempo que nos está haciendo ¿quién dijo que en Escocia hacía un tiempo horrible? no teníamos otra opción que irnos a comer a Princes St Gardens, tirados en la hierba recién cortada y con las hojicas de tonos ocre dándole ese aspecto de otoño eterno a todo. Y siempre se oyen gaitas a lo lejos, comiéndonos nuestros recurrentes sandwiches de lunch y simplemente viendo el momento pasar.

Momentos curiosos en esta ciudad, ir por la calle y encontrarte un montón de gente bailando estilo años 20 o algo así que aparece como de la nada:

Pero no todo es tirarse en la hierba así que voy  directa a lo importante de la semana, la visita a Cramond Island. Menudo sitio y otra vez sin salir de la ciudad, sigo impresionándome de ver lo heterogéneo de esto. Pues bien, nos decidimos a ir a Cramond Island a las 4 de la tarde porque es cuando empieza a bajar la marea que permite cruzar del ¿barrio? ¿pueblo? de Cramond hasta la isla que hay enfrente (a una y milla y media).

Es impresionante ver una marea que se mueve con tanta rapidez y que descubre un camino perfecto hasta el otro lado. Decir que me sentí como en La Isla de Perdidos es poco. En serio, que esta ciudad me hace sentir tonta porque nunca consigo encontrar las palabras que definan lo que se siente y lo que se ve cuando uno hace cosas de este tipo después de una semana de acá para allá y de repente sentirse en el medio de la nada, con estampas difíciles de ver allí de donde vengo.

El mar que desaparece ante tus ojos dejando un espejo de agua en el suelo que refleja estas nubes de aquí que parecen de mentira y el aire que se mueve (y bastante) llenándote los pulmones y recordándote lo vivo que estás. Un lujo.

Por la noche, tras unos horas que pasaron volando en la magia de la isla, fui invitada a cenar tortillica española en un albergue del centro (Princes St  East Backpackers). ¿Cómo definir el rollo del albergue? “Hippie style”, pero bueno me sentí más que cómoda con mis murcianicos ahí preparando la cena codo con codo y con sus compañeros Erasmus, franceses y español, dando el toque multicultural al asunto. Cenamos con vistas al Balmoral, menudo lujazo y con sabor de vuelta a casa. Menciono mi visita fugaz a un albergue en el blog por dos cosas:

1. Si queréis venir a un albergue en el UK es la mejor forma de relacionarte con gente y la más barata. Sin duda merece la pena.

2. Armaos de paciencia para sobrevivir en un sitio así.

El día acabó con un nueva noche en “el laberinto” del que ya hablé la semana pasada pero del que cabe la pena destacar la manera de “vampirizarse” los sábados. Ya nos habían advertido de que los sábados abren las puertas de Mordor (Glasgow) y todos deciden venirse para acá (aunque también ocurre viceversa). Que decir, pues que el sábado no es el mejor día para salir por esta ciudad y menos si te has pegado una paliza turista durante todo el día, pero nos vino bien para comentar la jugada de como había ido todo el día. Prontito (tarde para estos guiris) a descansar y pensar en el día siguiente.

Día de domingueros, nos fuimos a echar un vistazo al Sunday Market, un mercadillo en un parking en Leith St junto al Omni Center. El reciclaje llevado a su máxima extensión, lo que ya no usas es susceptible a ser vendido porque a alguien puede interesarle. Para que os hagáis una idea es un parking tamaño Corte Inglés style lleno de maleteros de coche abiertos con todo tipo de cosas (resumen explicativo: vestidos de novia, guitarras, cestas de picnic…) a precios de saldo.Yo conseguí comprarme un libro por 10 peniques y otro por 40, bromeábamos con como se pasaban los que nos pedían una libra por un libro. Interesante visitarlo si tienes muchos días en la ciudad o si te toca un domingo lluvioso.

Pero el plan no quedaba ahí, el domingo era el día de la barbacoa The Meadows. Nos juntamos una buena troupe con mezcla internacional como de costumbre, polaco y franceses incluídos y nos dispusimos a pasar la odisea de comprar todo lo necesario para pasar la tarde tirados en el césped.

Barbacoas de usar y tirar, carne, galguerías y un intento de tarta de cumpleaños (uno de los franceses había cumplido años hacia unos días).  De este plan decir que como es habitual en esta ciudad, a pesar de que no estamos viendo lo peor de ella, el tiempo nos cambió justo cuando asentamos el campamento en el parque. Todo parecía ideal, incluso la cajera del supermercado al vernos con las barbacoas nos dijo que era un día ideal para salir, pero aquí el cielo azul no es signo de un buen rato de calma. En cuestión de minutos todo se ennegreció y a pesar de que la lluvia se portó bien, no fue la barbacoa ideal que todos imaginábamos bajo el sol. Aún así, tuvo su punto poder jugar “El pueblo duerme” en inglés y pasamos un día agradable con la tontería de estar asando comida y hablando. Eso sí, este parque es otra visita obligada (cualquier día para tomar el lunch, por ejemplo) porque el ambiente es muy chulo. Mucha gente joven, jugando al fútbol, a las cartas, tocando la guitarra o tirados al sol.

Esta semana las cosas parece que se están acercando a un ritmo de rutina, ya no me siento una turista aquí, si no más bien una habitante más que se pierde de vez en cuando. El domingo de hecho de broma dije: vosotros fiaos del cielo pero yo que vivo en Edimburgo os digo que en cuanto posemos las barbacoas se nubla. Evidentemente todos me odiaron por gafe cuando después se cumplió la profecía, pero a mi me hizo gracia darme cuenta de que me he acostumbrado hasta a las locuras que el cielo hace aquí.

Esta entrada ha sido un poco más “diario personal” pero es que como digo, ya me cuesta hablar desde la perspectiva de alguien que no ha visto esto nunca. Aún así sigo con la sensación de vivir en el decorado de Sweeney Todd, en el bosque encantado, en una postal otoñal o en un poema de Poe.

También la forma de esta entrada ha sido así porque mi memoria no ayuda demasiado, prometo escribir la siguiente con las ideas de la cuarta semana (que ya casi acaba) mucho más frescas. 🙂

Agur!

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  1. Hola Seli! Muchas gracias por tus comentarios, siempre que te leo es como casi poder oirte!!^^ no sé el tiempo que me queda aquí, de momento caduco el 8 de noviembre pero mañana voy a una entrevista de trabajo… Y puede que aunque vuelva a España vuelva aquí despues… Me encantaría ver esto con todos vosotros, de ti me acuerdo en los cafés (hay miles aquí y todos con historia) donde te imagino con tu libreta apuntando ideas revolucionarias!:) una reunión Theatrae aquí derivaría en el mejor día mundial del teatro jamas planeado!!^^ mañana publico doble entrada de las dos semana!!:) quiero un abrazo de esos que nos damos cuando nos vemos cada mil años!!:)))))

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