Cuarta, quinta y sexta semana – Edinburgh, time’s flying.

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Bueno, pues parezco incapaz de cumplir ninguna promesa bloguera que haga. Prometí traer los recuerdos de la cuarta semana cuanto antes y lo más frescos posible pero aquí estoy, al final de la quinta escribiendo sobre lo pasado estos días. Pero la verdad es que lo que define a estas últimas semanas es que el tiempo está volando. Lo que no se os va a pasar tan volando va a ser leer esta entrada porque aunque han sido tres semanas más tranquilitas que las anteriores, no dejan de tener mucha chicha. Lo peor de escribir tan tarde sobre lo que ha pasado estas semanas, es que muchas sensaciones se han quedado por el camino y no sé si podré trasladar las mismas sensaciones que las semanas pasadas. También hay que tener en cuenta que el cansancio va pesando cada vez más y que no es el mismo entusiasmo de los primeros días. Peeeero, no vamos a decir que no sigo disfrutando todo lo que puedo de esto porque sería mentira. Así que allá vamos mis conocidos lectores… (ÁNIMO!! Se dice que hay versiones reducidas de la Biblia que ocupan menos que este post… 😉 )

CUARTA SEMANA

Por fin, sobrepasamos el ecuador del curso en la escuela de inglés, con tres semanas el peso se ha ido notando poco a poco cada vez más y un curso intensivo de 6 semanas de inglés se empieza a ver cuesta arriba. Será por eso, o porque mi estómago no soportó el traqueteo de la BBQ en The Meadows, que pasé los dos primeros días de esta semana encerrada en mi habitación, con todo dando vueltas alrededor. Un poco pesadilla que por suerte pasó rápido, y en seguida vuelta a la rutina de la escuela.

Como no todo iba a ser enfermedad, en cuanto volví al jolgorio de las clases saqué las fuerzas suficientes para ir a Bongo Club a disfrutar de una noche aprendiendo a bailar ceilidh. Solo puedo decir que lo considero una de las mejores experiencias que he tenido en todo el tiempo que llevo aquí. Este baile típico no es como otro cualquiera, se vive con pasión y se baila con toda la alegría del mundo. Fue flipante ver como un puñado de desconocidos compartíamos tanta energía y optimismo mientras veíamos como pasaban aproximadamente tres horas de nuestras vidas sin que apenas nos diéramos cuenta. Llama especialmente la atención como la música implica a todo el mundo, desde los más atrevidos a los más tímidos todos terminamos bailando y compartiendo ese momento. Si visitas Edimburgo y tienes algo de tiempo no desaprovechas una noche buscando algún club de ceilidh, hay muchos alrededor de la ciudad y cada uno es un día diferente. Eso sí, uno de mis profesores (Scott, el Scot más Scottish de todo Edinburgh) nos dijo que no lo habíamos hecho bien, que el ceilidh no puede bailarse si no es bebiendo whisky y que no sabremos lo que es bailarlo hasta que lo hagamos así. Aunque os puedo asegurar que con todos los giros, saltos y pasos que tienes que hacer en cuestión de segundos bebiendo solo agua como hacíamos nosotros llegas también a una catarsis total. Lo mejor es que este tipo de bailes los hacen en las bodas, todos los hombres con sus  kilts girando (el peso de la falda es el justo para que no se vea nada que ya sé lo que estaréis pensando) y todo el mundo unido de esta manera. Con gente de tu familia y amigos tiene que ser bestial poder vivirlo. Para ver mejor a lo que me refiero aquí un vídeo que muestra un pizquita de lo que se hace en un ceilidh. 😉

La semana transcurrió bastante rutinariamente, con examen de nivel incluído. A los que estábamos en Upper Intermediate decidieron pasarnos a la mayoría a Advance que es el nivel que llevábamos semanas dando y así poder darnos el título correcto. Fueron unos días en los que el tiempo fue un lujazo, estar tirados en Princes Street Gardens comiendo y en manga corta en pleno mes de Septiembre en el país del bad weather, no se lo creía nadie. Las ganas de volver a clase por las tardes eran mínimas pero la verdad es que esta semana como tuve clases particulares sola con un profe no se me hizo tan pesado.

Además como era el final del summer term en la escuela nos regalaban el viernes una excursión a St. Andrews en grupo. Debo decir que no me gustaría crear expectativas sobre esta ciudad porque a mí me crearon unas altas expectativas y al llegar allí me desinflé un poco al ver que no era para tanto. Creo que es más cuestión del síndrome de Stendhal que tenemos por vivir en Edimburgo que porque la ciudad en sí no sea atractiva.

Tras un camino precioso, plagado de campos que parecían pintados “desembarcamos” junto a uno de los conocidos campos de golf de St. Andrews, según nos dijeron es algo así como La Meca de los golfistas. Al parecer, el camino bonito para llegar es el que bordea la costa desde Leith hasta St. Andrews. Los que han hecho este camino dicen que merece la pena el rato más que se tarda en llegar por las vistas impresionantes que se tienen del mar y los acantilados. De momento, no puedo decirlo por mi misma así que sigamos con la excursión. Lo mejor de este día es que hizo una de esas mañanas como solo hacen aquí. Con un sol bajo, cálido pero sólo lo justo, el entretiempo ideal existe y sucede aquí en la zona este de Escocia. Como hacía tan buen día los profesores decidieron  que empezáramos la ruta por la playa de St. Andrews. Y, ¿qué queréis que os diga? Siempre he pensado que las playas del norte son más bonitas que las del sur a pesar de la casi imposibilidad para bañarse y esta no podía ser menos. La marea estaba totalmente baja, de hecho habían metros y metros de arena mojada que hacía de espejo bajo nuestros pies.

El sol, el día libre, el mar, la arena limpia, la gente paseando y una extensión inmensa que te da la sensación de que corras hacia donde corras no tendrás necesidad de parar hasta que te sientas aliviado. Las imágenes hablan mejor que yo de los lugares pero de verdad que las playas de aquí merecen una visita para limpiar los pulmones.

Tras el paseito playero tocaba empezar con el turismo propiamente dicho así que tomamos la ruta hacia el “castillo”. ¿Por qué castillo entre comillas? Pues bien, el castillo estaba hecho pedacitos y como supongo que sabéis no es que sea tonta y no aprecie el valor de la antigüedad de las cosas, lo que pareció indignante es que nos quisieran hacer pagar 5 libras por ver un castillo que no tiene paredes y que se ve tan bien desde fuera como puede hacerse desde dentro. Así que como españoles de pro, no pagamos y miramos desde fuera, jajaja. El castillo es bonito, pero al estar la marea tan baja perdía el encanto que al parecer tiene cuando el mar golpea contra los acantilados que lo sostienen. Quizás St. Andrews se merezca una futura visita con más tiempo por varias razones.

Seguimos caminando al filo de los acantilados hasta llegar a la zona de la catedral que tampoco está bien conservada pero que esta vez si que me pareció un obra digna de apreciar. La catedral de St. Andrews debió de ser una de las más grandes de esta zona en sus tiempos y el cementerio que tiene al lado le daba el toque que tiene todo aquí, misticismo, transporte en el tiempo y una soledad y decrepitud tan atractivas que no hay quien no se hechice por su conjuro. Como ya apretaban nuestros nuevos acostumbrados estómagos guiris, decidimos comer junto al cementerio, dentro de lo que debió ser un claustro a una de las naves principales de la catedral. Otro atractivo de St. Andrews son las gaviotas (que aquí me parecen más bonitas que en España no sé por qué) que se posan en cualquier sitio como si fueran palomas y que están tan acostumbradas a los humanos que a veces parece hasta que posen para las fotos. El caso es que comimos mientras veíamos como nos rodeaban poco a poco (todo un poco inquietante la verdad) hasta que unos compañeros decidieron empezar a darles de comer. ¡Qué desastre! Algunos ya sabréis que los pájaros y yo no hemos tenido muy buena relación en la historia de mi vida y a pesar de que ya no puedo considerar que sea una fobia, tantos picos amenazantes a mi alrededor me pareció demasiado, jajaja. Eso sí, no dejó de ser gracioso ver a las gaviotas comportarse como perretes (eso sí, con la ventaja de tener alas) que pegaban saltitos cuando les lanzabas la comida y se acercaban inocentemente a comer lo que les ofrecían.

Una vez vista la playa, el castillo y la catedral, nos adentramos en la universidad. Cualquiera diría que aquello era una universidad. Desde fuera puede pasar totalmente desapercibida pero cuando entras es cuando ves porque es una de las más prestigiosas de Escocia. Un pequeño patio, con 4 edificios que lo flanquean, árboles frondosos que dan acogedora sombra en el césped, estudiantes descansando, leyendo un libro, comiendo una manzana… Uno ya no sabe si esto es 2011 ó 1815, la gente aquí se toma las cosas de una forma diferente porque puede, como decíamos todos: Yo en esta universidad si que estudiaría, leería, escribiría libros y sería intelectual. A parte, ese silencio tan mágico que hay en muchos sitios de aquí, que ni siquiera los españoles somos capaces de romper, nos vemos obligados a salir de ese idílico mundo y decir bueno, nosotros tenemos el jamón serrano.

Visto todo esto, St. Andrews no se compone de gran cosa más. La ciudad tiene 3 calles paralelas que son las arterias de toda la actividad, en las callejuelas que las conectan: puestos de libros de segunda mano, gente tocando música en la calle y escoceses de los de verdad que van a sus quehaceres tan tranquilamente como ellos saben moverse. Acabado el turismo no tuvimos otra cosa que hacer que ir de visita “al Tesco” y a Starbucks a cargar de provisiones para pasar el resto de la tarde tirados en el césped frente al mar y luego junto a la carretera esperando el autobús. Creo que debería darle otra oportunidad a esta ciudad en un día lluvioso y no mirándola con los ojos estos que se me han puesto desde que vivo en Edimburgo, estoy segura de que me enamoraré de esta ciudad.

Como la excursión acabó temprano, los profesores decidieron llevarnos a  South Queensferry, un burgo a las afueras de Edinburgh cuyo principal atractivo es el Forth Bridge y el menos conocido Forth Road Bridge por el que cruzamos para ir a St. Andrews. Había visto estos puentes de lejos cuando estuvimos en Cramond Island y no les había prestado demasiada atención y de hecho me parecían algo feos desde lejos. Pero la verdad es que tras la visita al Queensferry (que es un “pueblo-barrio” bastante bonito, la típica zona pequeña de bares y tiendas familiares todo muy cuidadito) cambió completamente mi opinión. Creo que es otro de los puntos de la ciudad que merece la pena ver, es otro contraste más. Colinas verdes contra estructuras de acero que resaltan pero no estorban. En concreto el Forth Bridge es bien conocido por su manera de cambiar de color según la hora del día y la luz que le den y por su fama de hipnotizar a los fotógrafos para hacerles fotos. (doy fe 🙂 ) Un pedacito de “NYC” en Edimburgo, pero eso sí al estilo escocés.

La semana terminó con más despedidas, en este caso de los “murcianicos” que  he conocido por aquí y con los que también he viví la mayor parte de la primera etapa aquí. Otra despedida más rodeados de pintas, de ganas de hablar y de reír. Este día lo aprovechamos en el Three Sisters, un pub bastante bueno sobre todo si las condiciones climatológicas permiten pasar el tiempo en su enorme terraza. Pero como poco a poco hemos ido descubriendo, en esta ciudad los pubs cambian de un día para otro y lo que un día es buena música y buen ambiente, se puede convertir en ambiente turbio (vocabulario cántabro) y música horrible.

El sábado terminamos nuestra semana particular (el domingo toco hibernar) comiendo cerdo asado del Oink, un puesto de comida para llevar en el que matan y asan un cerdo cada día y lo venden hasta agotar las existencias. Yo lo probé con cebolla y salsa de manzana y la verdad es que estaba bastante rico. También está la opción de ponerle tomate y haggis, pero el plato típico escocés se me sigue resistiendo y aún no me he atrevido a probarlo.

Tras unos días tan intensos la ciudad empezó a advertirnos de lo que se venía encima en el finde y nos mostró su cara más mística para que nos diéramos cuenta de que el sol que habíamos disfrutado estos días no se quedaría por mucho tiempo. En cuestión de minutos la ciudad fue apresada por una densa niebla que le dio, si se puede, un marco más místico. Lo gracioso es que justo el día anterior, cuando estábamos bajo el sol y en manga corta, yo dije que me encantaría ver la ciudad con niebla, que seguro que se hacían muy buenas fotos. Edimburgo me hizo caso, pero yo no iba cargada de cámara e hice lo que buenamente pude con la del móvil.

QUINTA SEMANA

Podéis respirar tranquilos, esta semana fue de las más rutinarias de todas las que hemos tenido. Tras cuatro semanas tan a tope, visitando lugares de aquí para allá los cuerpos no nos pedían muchos trotes y decidimos hacerles caso. Estos días estábamos con la gran incertidumbre de quién llegaría nuevo a la escuela porque ya habíamos despedido poco a poco a la gente con la que más nos habíamos relacionado y tocaba abrir nuevos horizontes. Por suerte, las nuevas incorporaciones a la escuela fueron como un soplo de aire fresco. Gente con energías renovadas y ganas de descubrir y descubrir. A pesar de eso, no tuvimos gran actividad y nos reservamos solo a algunas noches donde estuvimos en bares, y conociendo poco a poco a esta nueva gente.

Por algo que sí estuvo marcada esta semana es por la búsqueda de trabajo, yo ya tenía una oferta casi asegurada para comenzar a trabajar en Enero con una familia y tras la entrevista pareció confirmarse que tengo una vía de futuro para volver por estas tierras en el “próximo año”. Además mi compañera encontró una buena oferta en un bar de tapas español de por aquí. Tras tantos papeleos y comeduras de cabeza todo ha surgido de una manera mucho más fácil de lo que podíamos prever.

Respecto a mi posible trabajo en Enero, decir que sería en la zona del puerto de Leith a la que solo le di un vistazo a lomos del Porsche Cayman de mi posible nueva jefa y debo decir que me encantó. Me quedé con muchísimas ganas de volver a turistear un poco y me pareció que como nuevo barrio podría ser ideal. Un barrio tranquilo pero con mucha actividad a pocos minutos andando. Además, bien comunicado con el centro y con el mar justo enfrente de casa. Desde luego no es nada mala opción de futuro. Quizás pueda volver a visitar a mis posibles futuros jefes en estas semanas y pasear un poco más por el barrio.

Tras tantos días de letargo mi espíritu de rastreator necesitaba más, no podía ser que estando en esta ciudad y aún con cosas por visitar estuviésemos tan parados. Así que convencí a mis compañeras de ir a visitar Dean Village, un barrio que forma parte de un antiguo pueblo dentro de la ciudad y a las orillas del enorme Water of Leith. Sinceramente, y no porque fuese mi idea fue un acierto escoger esta zona. No es demasiado conocida, y no está en la mayoría de diarios de viaje o recomendaciones que puedes leer en la red pero puedo asegurar que merece la pena.

Lo mejor es coger la ruta que te lleva por la orilla del río hasta encontrarte de lleno con este minúsculo lugar (apenas son unos 5 o 6 edificios antiguos) pero es una zona tan extremadamente tranquila y tan bonita que merece dedicarle una mañana si vamos sobrados de tiempo. De lo mejor también es el enorme cementerio que hay en este barrio. Uno de los más grandes que hemos visto hasta ahora, con un montón de tumbas con mi nombre como es lo normal aquí y con un montón de esas hojitas marrones que se están convirtiendo en mis musas favoritas en mi estancia aquí.

Como buen domingo teníamos que encontrar un lugar un poco más cool para tomarnos el lunch y esta vez elegimos volver a Princes Street Gardens, el mejor sitio para tirarse al césped (en el caso de este día no) y comer mientras las gaitas amenizan. Posteriormente cogimos de nuevo rumbo a Royal Mile y subimos por primera vez a la explanada de las puertas del castillo. Hace poco leí que uno sabe que no es turista y está viviendo en Edimburgo cuando nunca ha visitado el castillo. En el caso de muchos de nosotros es una realidad. Eso sí, sigue teniendo cierto magnetismo y puede que si vuelvo y puedo permitírmelo traspase sus muros. Lo mejor, las vistas desde allí de todo Edimburgo. Una buena manera de decirle adiós a otra semana ¿no?

Y así acabó la quinta semana.

SEXTA SEMANA

Sexta y última semana del curso. La semana en la que me encuentro aún con todo el cansancio sobre la espalda. Después de 5 semanas de curso intensivo que finalmente me ha demostrado enseñarme algo. Tras el cambio de profesora de hacia un par de semanas me he sentido mucho más cómoda y he aprendido cosas útiles. Lo que más me gustaba es que cuando terminaba la clase siempre decía algo así como: Y ahora vuestros deberes son usar esto en el mundo real. 🙂

Pocos planes en el horizonte teníamos tras haber pateado prácticamente todo Edimburgo de punta a punta. Estoy segura de que si nos hubiesen puesto un gps en los pies saldría cubierto prácticamente el 70% de la ciudad. Así que ya solo nos queda hacer vida normal por aquí, seguir nuestra rutina y disfrutar de la gente que estamos conociendo. ¿Qué mejor manera que ver un partido de fútbol de tu país contra el país extranjero en el que estás viviendo? Decidimos jugarnos nuestra integridad física yendo a un bar que considerábamos más turístico que escocés. Pero que sorpresa entrar y ver el bar lleno de armarios de 3×2 que son estos escoceses, llenando hasta el último rincón de The Standing Order, que no es precisamente un sitio pequeño. Durante los primeros goles estuvimos callados por respeto, y en mi caso también porque no me importaba demasiado el partido, pero luego les oímos comentar que “calladitos” estábamos los españoles así que celebramos el tercer gol como si nos hubiese dado un mundial, dejando claro de donde venimos y lo borreguicos que somos, jejeje. Eso sí, me encantó la actitud de los escoceses, celebraban cada corner como un penalti, cada tiro cutre que hacían como un gol y fueron bastante pacíficos a pesar de los litros de cerveza que se meten en el cuerpo. Incluso un borrachín que se pasó medio partido con nosotros en vez de insultar al equipo de España o quejarse de las faltas lo que hacía era echar sapos y culebras por la boca en contra de los ingleses. Aquí el único odio que les importa es el que tienen contra sus vecinos, a nosotros nos tienen cariño. Es totalmente cierto eso de que cuando se enteran de que eres español se ponen a lucir su pobre nivel diciendo cosas del tipo: Hola, ¿qué tal?. No dan para más…

La semana a pesar de haber sido rutinaria ha tenido cosas chachis como que el miércoles en vez de dar la clase de la tarde convenciera a la teacher sustituta de que nos pusiera una peli. El caso es que la peli que nos puso fue Braveheart y bueno, recordaba cosas diferentes y no me gustó mucho. Que malo es a veces todo lo que hemos aprendido en la carrera, por ejemplo ya no puedo ver nada relacionado con la cultura que no sea fiel con los hechos  y Braveheart es todo menos fiel con la historia. jajaj

Finalmente llegado el viernes tocaba recoger nuestro flamante certificado de curso intensivo de Advance de 6 semanazas y salir con los compañeros al que dicen que es el mejor buffet de curry de Edimburgo de cuyo nombre prefiero no acordarme. No me gustó mucho el invento del curry y eso de estar sudando como un pollo comiendo un plato de arroz con oveja (que no con cordero) que picaba como para matar a un regimiento. Y ahí estábamos los italianos y los españoles quejándonos de que eso era un bazofia y mi profe y las suecas diciendo que es que somos unos sosos que como somos como primos solo nos gusta la comida italiana y española entre nosotros. jajajaaj No es que estuviera malo, es que picaba demasiado y eso de comer sufriendo no está en nuestra cultura, eso sí cuando haga más frío no descarto comerme otro plato de eso, te calienta la sangre que es un gusto.

Por la noche, un compañero de la escuela organizó una cena internacional en su casa. Cada uno tenía que preparar algo típico de su país y llevar algo de beber. Estuvo súper bien el intercambio cenamos: jamón serrano, queso curado, tortilla española, olivas, mojete (esto lo hice yo… jej), pasta carbonara de la de verdad y un pastel sueco que aún se me hace la boca agua cuando me acuerdo. Además todo esto acompañado con un Rioja que puso el anfitrion y vino chileno e italiano (ahí es nada). Todo muy sibarita y todo un lujazo cuando llevas seis semanas comiendo sandwiches a medio día y cenas cutres por la noche. Pero lo mejor de la noche es que fue la primera noche que pudimos disfrutar a tope, no haciendo nada en especial pero compartiendo con los compañeros y hablando un poco de todo. Lo genial aquí también es que aún no hemos encontrado un solo pub que no sea especial, que no tenga algo diferente que te haga querer volver. Personalmente lo que adoro es la música que ponen en muchos de ellos. Escuchar a tus grupos favoritos estando de fiesta o que incluso la banda del local toque en directo algunas de tus canciones favoritas es como un sueño. 🙂 En este caso fuimos a Finnegan’s (un pub irlandés) y Espionaje (un pub/club de fiesta con muchas salas con música y ambientes distintos). Una flipada.

Gente muy chaaaachi!:)

La semana acaba esta vez con la visita al famoso Royal Botanic Garden que tantas semanas hemos ido aplazando hasta hoy. Tengo que decir que he pasado de tenerlo en la clasificación de must visit como lo tenía todo el mundo a un “bueno si te sobra tiempo siempre puedes pasear”. A ver, me explico. Es un sitio bonito, enorme y lleno de árboles y plantas exóticas. Está más o menos bien cuidado excepto algunas partes pero recomendarlo en todas las páginas web como un lugar que tienes que ver al nivel de Royal Mile me parece absurdo. Es como decir que quien va a París tiene que ver Disneyland igual que ver el Sacre Coeur. Es un sitio que está bien, que tiene invernaderos chulos a los que no hemos entrado por no pagar, pero que sinceramente es una mezcla absurda entre lo natural y lo artificial. Hoy viéndolo me he acordado de mi tío Rafa que me dijo que posiblemente era el parque que menos merecía la pena de todo Edimburgo y en parte creo que es cierto. El resto de parques tienen su encanto, este está hecho adrede y sin una lógica aparente. Pero, voy a hacer justicia (sobre todo para que Laura no se enfade que ya bastante ha aguantado conmigo toda la mañana despotricando…jajaj) si no esperas nada, puede que te sorprenda y hay partes realmente cuidadas y bonitas que seguro que os gustan a la mayoría. A mí lo que más me ha gustado ha sido el bosque de las hadas (aunque era un poco cutre pero yo soy así de infantil) y el ambiente en general de pasear entre mini-lagos, cascadas y árboles enormes.

Otra cosa que ha molado es que nos hemos encontrado con una degustación de tipos de manzanas escocesas (y como era gratis hemos comido muchas) y con una degustación de un zumo de un tipo de manzana riquísima prensado a mano. Nos daban como un vaso de chupito con zumo y estaba delicioso aunque también muy empachoso. A saber cuanto podía valer cada botellita de eso. Me hace gracia porque todo este tipo de cosas son tan sumamente guiris: ir al Royal botanic garden un domingo y encontrarte con una degustación de manzanas y que eso te parezca todo un acontecimiento (a nosotros no tanto pero a los guiris se les veía entusiasmados).

Después de otro día maravilloso tocó otra despedida más, en este caso Helena, que se nos marchó a Italia. Desde luego si algo estoy aprendiendo es a despedirme, eso sí porque sé que todo son “hasta luegos” que si no, no sería tan fácil.

Y bueno, otra semana que se va volando, el tiempo aquí ya no va rápido va acelerado y parece que en cuestión de segundos pasen días enteros. He pasado de disfrutar la aventura a sorbitos, a tener que beber cualquier gotita que se me ofrece antes de que se pase la oportunidad de probarla. Lo bueno es que aprecio tanto esta oportunidad de vivir algo así ahora que puedo hacerlo que creo que estoy guardando lo máximo posible en mí para que me de el máximo posible en el futuro. Sé que echaré mucho de menos cada uno de los días que he pasado aquí y por eso sé que tengo que valorar la posibilidad que tengo de volver en otra experiencia totalmente diferente.

Ahora me toca una de las mejores partes de la aventura, disfrutar de esto con las personas que vienen a visitar, todas esas personas que he tenido en mente cuando he paseado por estas calles. Muchos de ellos vienen a acompañarme en estas últimas semanas y tengo que dar el todo por el todo para que la ilusión que he mostrado en este blog no se quede en palabras y sea una realidad también para todos ellos. Pero antes, me toca a mí volar a visitar Derry y a la pequeña Sara, veremos que me espera en la isla esmeralda.

Me despido diciendo para todas esas  personas que  me han dicho, que las palabras de mi blog muestran entusiasmo que me alegro de que así sea. Lo único que tengo que añadir es que no todo en la vida es del color que nos gustaría verlo, pero uno debe sacar fuerzas suficientes para mirar hacia el horizonte que quiere alcanzar. Nada puede detenernos entonces, estamos Standing On The Shoulder Of Giants* y nada puede estorbar nuestra vista.

Ahora podéis respirar y descansar de blog al menos hasta la semana que viene con la aventura en Derry o incluso hasta el final de la aventura cuando contaré como acaba todo y las reflexiones posteriores a la experiencia.

*Esta inscripción está en las monedas de 2 pounds y es una cita de  Sir Isaac Newton: “If I can see further than anyone else, it is only because I am standing on the shoulders of giants”

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Un comentario »

  1. 🙂 Me encanta como te lo curras…creo que en mi próxima entrada de blog, pegaré tu enlace, para que te lean mejor a tí…jjajja
    Y bien, que no has sido muy estricta con el Botánico.. como sabías que iba a estar aquí al tanto ee??
    Unbesoturbiaaa

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