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1989 Una radical de la vida, si nos esforzamos por ser felices.

Porque la vida cuente

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Hace mucho tiempo que he dejado de lado escribir, fotografiar y muchas cosas. La verdad es que todo eso implica un nivel de melancolía y necesidad de cambio que no siento en los últimos tiempos. Haciendo un repaso a lo que ha sido mi paso por blogs y páginas de fotografía sólo yo puedo ver lo que había detrás de ciertas palabras o gestos y me doy cuenta de lo afortunada que soy al ver las cosas desde otra perspectiva ahora.

Aún así, en las últimas semanas he estado valorando el retomar un poco todo e intentar poder escribir pero con otro carácter más positivo, el carácter que tengo desde hace un par de años cuando decidí que la vida debe pasar para mí sin esperar a que los demás lo acepten o no.

Mi consejo es que tenemos que explotar todo lo que hay en nosotros en la medida que lo que explotamos no nos explote en la cara. Durante un tiempo todo lo que podría haber explotado se hubiese ido por un desagüe de cosas que sobran y de las que hay que deshacerse, pero  como digo en las últimos meses la limpieza ha sido total. Si haces que la vida cuente, nada más importa. Solo tienes que sentir que el momento que estás viviendo es el que exactamente te gusta vivir, sin dejar de lado obligaciones ni problemas, ni trabas. Suerte a todos los que os encontráis un poco perdidos, supongo que es una fase que todos tenemos que pasar y probablemente no solo una vez en la vida.

Como siempre digo, soy la persona más dejada que te puede encontrar, así que es probable que no cumpla mis promesas de pasar por aquí a menudo.

11/11/11 Los afortunados

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Lo prometido es deuda, y como siempre deuda con retraso en el blog. Hace aproximadamente un año en el 10/10/10 escribí una entrada que debía durar al menos hasta el día de hoy. Puedo decir que aunque parezca una tontería, esas palabras me influyeron tanto que creo que lo que soy a día de hoy no habría sido lo mismo si no hubiese llegado a esas conclusiones. Veamos que sale hoy, en plan escritura espontánea, sin márgenes.

“Todo el mundo persigue la fortuna, la buena suerte en sus movimientos. Todos esperamos encontrar el mejor trabajo, la mejor pareja, el mejor futuro. Pero solo son afortunados los que viven en busca de la excelencia en lo que hacen. Solo el que lucha por lo mejor para los demás se merece lo mejor para sí mismo. Andamos por la vida luchando por un egoísmo que no nos define y que no sabemos rechazar hasta que nos damos cuenta de como la vida es una lucha de equipo, hasta que somos conscientes de todas esas personas que están ahí para hacernos sentir el máximo de nuestras posibilidades. En los últimos tiempos he sido consciente de todo lo que tengo, de todo lo que se tiene desde el primer y único amigo que puedes tener, a tener todo lo que necesitas. Es tan difícil sacar de mí todo lo que podría decir de mi red de seguridad, de ese grupo de personas que me hacen ser lo que quiero ser. Desde luego no hay que plantearse la vida como si alguien a parte de ti mismo fuese imprescindible para dar un paso que das, pero nunca está de más saber que tienes a esa persona justa, que te mira a los ojos y te lo dice todo, o a ese amigo que siempre tiene las palabras que necesitas sea cual sea la situación. Puede que este año me encuentre menos reflexiva que de costumbre, probablemente es una cuestión de que cuando uno se tiene bien aprendida la teoría puede vivir perfectamente de la práctica.”

Bueno, pues así ha quedado un texto que ha tardado más de dos meses en querer salir del horno, el año que viene veré si lo que he dicho este año se hace real en estos siguientes meses. Parece que la respuesta de este año es vivir sin límites ahora que es posible, no encerrarse en la mente. Basta con un plan de acción válido, un red de seguridad formada por los que están detrás de ti y a avanzar.

Edinburgh – C’est fini!

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¡Hola a todos de nuevo!

Han pasado unas semanas y como prometí no he venido por aquí a daos demasiado trabajo leyendo. Hoy vengo a hablar del fin de etapa, porque ya estoy escribiendo desde tierras españolas. Aquí en mi casita de Hellín mientras atardece. ¿Qué decir? Pues que todo final es duro y trae consigo un comienzo también difícil de afrontar, lo bueno que me ha ido aportando estos últimos tiempos es la madurez necesaria para entender que puedo ser feliz ante cualquier cambio que venga. Se acabó Edimburgo, quizás antes de lo que mis planes me dictaban en un principio pero justo a tiempo para saber que el tiempo que he pasado allí ha sido el necesario, ni un minuto más.

Estas últimas semanas han estado completas de visitas muy importantes para mí, que me han reafirmado lo necesario que es para mí sentir que estoy con quien deseo estar. Han sido de los mejores momentos aquí porque poder enseñar todo aquello a las personas que quiero tal y como yo lo he visto era de lo poco que podía pedirle a esta experiencia.

Ahora me toca un nuevo comienzo aquí, en busca de algo que hacer, de sacar provecho a mi tiempo y de poder permitirme todos esos planes que me rondan la cabeza. No estoy muy parlanchina y a pesar  de que había pensado introducir muchas cosas en esta entrada, creo que se quedarán para mí o más probablemente en poco tiempo en el olvido. Así es la memoria de pez.

Os dejo con unas pocas fotos  de mis últimos días por tierras escocesas, echando ya de menos a mis amigos de allí pero con la perspectiva de que cuantos más amigos haces y dejas más fuerte te sientes. Uno aprende mucho cuando camina solo, pero aprende más cuando sabe compartir sus pasos para hacer fuertes a otros.

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En unos días volveré para la entrada del 11/11/11, así como hubo una el año pasado. 🙂 Siempre y cuando tenga las palabras justas para ello.

Derry – Northern Ireland … Visitando a la Srta. Bru

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¡Hola, hola! Por aquí me tenéis de nuevo en esta ocasión para contar mis andaduras por Derry, una ciudad de Irlanda del Norte donde está viviendo una amiga. No es que tenga mucho que contar sobre mi cortita visita pero ya que he esto se ha vuelto un diario donde acudís a ver como me ha ido pues no me puedo saltar los días tan chachis que he pasado por allí.

El caso es que planeé el viaje un poco cutremente y en vez de ir en fin de semana fui de lunes a jueves lo que sin duda le ha quitado mucho sabor a la experiencia pero puedo decir que me ha molado mucho el rollo de ir unos días y despejarme. Siempre viene bien pasar unos días con una cara conocida… 🙂

Mis días se basaron en hacer el poco turismo que se puede hacer por la ciudad, eso sí poco pero con encanto. Y disfrutar de los pubs y cafeterías infinitamente más baratos que en Edimburgo y con el mismo o más encanto. De la ciudad puedo decir que me gusta mucho el contraste que se ve por todos lados en plan católicos y protestantes (tienen hasta dos catedrales diferentes obviamente) y el tema de la lucha por la liberación de la ciudad de las manos británicas. La verdad es que los ingleses lo de hacer amigos no lo llevan demasiado bien. Aquí una muestra de la zona de Free Derry donde todo está lleno de pintadas con alusiones a la libertad y representando las escenas de represión que han vivido.

También es bastante gracioso como el centro de la ciudad está recogido por las murallas, me gustó mucho la sensación de estar de viaje en Lilliput. Derry es la típica ciudad que parece de bolsillo, cómoda para vivir, con encanto y bastante cuidada. Una muestra del espíritu de la ciudad es la zona de Craft Village, un pequeño barrio lleno de tiendas de filigranas y con algún que otro café con demasiado encanto como para pasar desapercibido. Mi rincón favorito de la ciudad el Café del Mondo, no sé por qué pero si tuviera que definir de alguna manera la sensación que me ha dado Derry es que tiene cierto estilo francés en este tipo de cafeterías y barrios.

 

 

Finalmente, resaltar que otro de los atractivos de la ciudad es el río Foyle, que merece también un paseito por su orilla, qué paz se respiraba por allí. Me quedé con ganas de poder explorar más los alrededores de esta zona de Irlanda, me quedé sin Belfast y sin el Giant’s Causeway pero bueno el mundo sigue ahí para explorarlo y quién sabe lo que podré visitar en un futuro.

Me despido hasta más novedades, probablemente relacionadas con contaros como hemos vivido Halloween en un país celta, o hablando de las chachi visitas que tengo dentro de poco. Mientras tanto: Take care! 🙂

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El otoño sin palabras

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“Siempre esas hojas que caían por unas manos, esos cielos que se formaban en unos ojos, la brisa de un aliento. Siempre mis palabras girando en torno a un rostro mis torpes movimientos ligados a un abrazo inexistente. Abrazos rotos, esperados y que tras no encontrarse se fundieron con la nada, dándome este enorme escudo que adoro y aborrezco tanto como se hace con todo en esta vida. Con esta frialdad se fueron las palabras, tanto chocar contra murallas las hizo fuertes un tiempo pero ahora no tienen sentido para mí.  ¿Por qué escribo esto? ¿Por qué explico que ya no encuentro lo que dejé de buscar? He desaprendido a mirar más allá en ningunos ojos para no perderme demasiado en un camino que lleva a ninguna parte. No trato de ser pesimista, hablo de un otoño en el que seré libre de suspirar por miradas, mensajes y momentos que no llegarán. Desde esta libertad puedo decir que veo el mundo bajo mis pies y me parece pequeño para todo lo que tengo la necesidad de recorrer. Quizás no me importe andar en círculos esta vez y descubrir lo nuevo en lo que siempre estuvo ahí.” 

Reflexiones nocturnas, un poco enrevesadas y no muy elaboradas de lo que quiero expresar. La falta de inspiración a la hora de escribir siempre me ha parecido una desgracia, pero en ocasiones miro atrás, a lo que escribí y a lo que a veces tengo que sufrir para encontrar palabras absurdas, y me doy cuenta de que una sequía de inspiración es en ocasiones lo mejor que puede pasarnos.

Cuarta, quinta y sexta semana – Edinburgh, time’s flying.

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Bueno, pues parezco incapaz de cumplir ninguna promesa bloguera que haga. Prometí traer los recuerdos de la cuarta semana cuanto antes y lo más frescos posible pero aquí estoy, al final de la quinta escribiendo sobre lo pasado estos días. Pero la verdad es que lo que define a estas últimas semanas es que el tiempo está volando. Lo que no se os va a pasar tan volando va a ser leer esta entrada porque aunque han sido tres semanas más tranquilitas que las anteriores, no dejan de tener mucha chicha. Lo peor de escribir tan tarde sobre lo que ha pasado estas semanas, es que muchas sensaciones se han quedado por el camino y no sé si podré trasladar las mismas sensaciones que las semanas pasadas. También hay que tener en cuenta que el cansancio va pesando cada vez más y que no es el mismo entusiasmo de los primeros días. Peeeero, no vamos a decir que no sigo disfrutando todo lo que puedo de esto porque sería mentira. Así que allá vamos mis conocidos lectores… (ÁNIMO!! Se dice que hay versiones reducidas de la Biblia que ocupan menos que este post… 😉 )

CUARTA SEMANA

Por fin, sobrepasamos el ecuador del curso en la escuela de inglés, con tres semanas el peso se ha ido notando poco a poco cada vez más y un curso intensivo de 6 semanas de inglés se empieza a ver cuesta arriba. Será por eso, o porque mi estómago no soportó el traqueteo de la BBQ en The Meadows, que pasé los dos primeros días de esta semana encerrada en mi habitación, con todo dando vueltas alrededor. Un poco pesadilla que por suerte pasó rápido, y en seguida vuelta a la rutina de la escuela.

Como no todo iba a ser enfermedad, en cuanto volví al jolgorio de las clases saqué las fuerzas suficientes para ir a Bongo Club a disfrutar de una noche aprendiendo a bailar ceilidh. Solo puedo decir que lo considero una de las mejores experiencias que he tenido en todo el tiempo que llevo aquí. Este baile típico no es como otro cualquiera, se vive con pasión y se baila con toda la alegría del mundo. Fue flipante ver como un puñado de desconocidos compartíamos tanta energía y optimismo mientras veíamos como pasaban aproximadamente tres horas de nuestras vidas sin que apenas nos diéramos cuenta. Llama especialmente la atención como la música implica a todo el mundo, desde los más atrevidos a los más tímidos todos terminamos bailando y compartiendo ese momento. Si visitas Edimburgo y tienes algo de tiempo no desaprovechas una noche buscando algún club de ceilidh, hay muchos alrededor de la ciudad y cada uno es un día diferente. Eso sí, uno de mis profesores (Scott, el Scot más Scottish de todo Edinburgh) nos dijo que no lo habíamos hecho bien, que el ceilidh no puede bailarse si no es bebiendo whisky y que no sabremos lo que es bailarlo hasta que lo hagamos así. Aunque os puedo asegurar que con todos los giros, saltos y pasos que tienes que hacer en cuestión de segundos bebiendo solo agua como hacíamos nosotros llegas también a una catarsis total. Lo mejor es que este tipo de bailes los hacen en las bodas, todos los hombres con sus  kilts girando (el peso de la falda es el justo para que no se vea nada que ya sé lo que estaréis pensando) y todo el mundo unido de esta manera. Con gente de tu familia y amigos tiene que ser bestial poder vivirlo. Para ver mejor a lo que me refiero aquí un vídeo que muestra un pizquita de lo que se hace en un ceilidh. 😉

La semana transcurrió bastante rutinariamente, con examen de nivel incluído. A los que estábamos en Upper Intermediate decidieron pasarnos a la mayoría a Advance que es el nivel que llevábamos semanas dando y así poder darnos el título correcto. Fueron unos días en los que el tiempo fue un lujazo, estar tirados en Princes Street Gardens comiendo y en manga corta en pleno mes de Septiembre en el país del bad weather, no se lo creía nadie. Las ganas de volver a clase por las tardes eran mínimas pero la verdad es que esta semana como tuve clases particulares sola con un profe no se me hizo tan pesado.

Además como era el final del summer term en la escuela nos regalaban el viernes una excursión a St. Andrews en grupo. Debo decir que no me gustaría crear expectativas sobre esta ciudad porque a mí me crearon unas altas expectativas y al llegar allí me desinflé un poco al ver que no era para tanto. Creo que es más cuestión del síndrome de Stendhal que tenemos por vivir en Edimburgo que porque la ciudad en sí no sea atractiva.

Tras un camino precioso, plagado de campos que parecían pintados “desembarcamos” junto a uno de los conocidos campos de golf de St. Andrews, según nos dijeron es algo así como La Meca de los golfistas. Al parecer, el camino bonito para llegar es el que bordea la costa desde Leith hasta St. Andrews. Los que han hecho este camino dicen que merece la pena el rato más que se tarda en llegar por las vistas impresionantes que se tienen del mar y los acantilados. De momento, no puedo decirlo por mi misma así que sigamos con la excursión. Lo mejor de este día es que hizo una de esas mañanas como solo hacen aquí. Con un sol bajo, cálido pero sólo lo justo, el entretiempo ideal existe y sucede aquí en la zona este de Escocia. Como hacía tan buen día los profesores decidieron  que empezáramos la ruta por la playa de St. Andrews. Y, ¿qué queréis que os diga? Siempre he pensado que las playas del norte son más bonitas que las del sur a pesar de la casi imposibilidad para bañarse y esta no podía ser menos. La marea estaba totalmente baja, de hecho habían metros y metros de arena mojada que hacía de espejo bajo nuestros pies.

El sol, el día libre, el mar, la arena limpia, la gente paseando y una extensión inmensa que te da la sensación de que corras hacia donde corras no tendrás necesidad de parar hasta que te sientas aliviado. Las imágenes hablan mejor que yo de los lugares pero de verdad que las playas de aquí merecen una visita para limpiar los pulmones.

Tras el paseito playero tocaba empezar con el turismo propiamente dicho así que tomamos la ruta hacia el “castillo”. ¿Por qué castillo entre comillas? Pues bien, el castillo estaba hecho pedacitos y como supongo que sabéis no es que sea tonta y no aprecie el valor de la antigüedad de las cosas, lo que pareció indignante es que nos quisieran hacer pagar 5 libras por ver un castillo que no tiene paredes y que se ve tan bien desde fuera como puede hacerse desde dentro. Así que como españoles de pro, no pagamos y miramos desde fuera, jajaja. El castillo es bonito, pero al estar la marea tan baja perdía el encanto que al parecer tiene cuando el mar golpea contra los acantilados que lo sostienen. Quizás St. Andrews se merezca una futura visita con más tiempo por varias razones.

Seguimos caminando al filo de los acantilados hasta llegar a la zona de la catedral que tampoco está bien conservada pero que esta vez si que me pareció un obra digna de apreciar. La catedral de St. Andrews debió de ser una de las más grandes de esta zona en sus tiempos y el cementerio que tiene al lado le daba el toque que tiene todo aquí, misticismo, transporte en el tiempo y una soledad y decrepitud tan atractivas que no hay quien no se hechice por su conjuro. Como ya apretaban nuestros nuevos acostumbrados estómagos guiris, decidimos comer junto al cementerio, dentro de lo que debió ser un claustro a una de las naves principales de la catedral. Otro atractivo de St. Andrews son las gaviotas (que aquí me parecen más bonitas que en España no sé por qué) que se posan en cualquier sitio como si fueran palomas y que están tan acostumbradas a los humanos que a veces parece hasta que posen para las fotos. El caso es que comimos mientras veíamos como nos rodeaban poco a poco (todo un poco inquietante la verdad) hasta que unos compañeros decidieron empezar a darles de comer. ¡Qué desastre! Algunos ya sabréis que los pájaros y yo no hemos tenido muy buena relación en la historia de mi vida y a pesar de que ya no puedo considerar que sea una fobia, tantos picos amenazantes a mi alrededor me pareció demasiado, jajaja. Eso sí, no dejó de ser gracioso ver a las gaviotas comportarse como perretes (eso sí, con la ventaja de tener alas) que pegaban saltitos cuando les lanzabas la comida y se acercaban inocentemente a comer lo que les ofrecían.

Una vez vista la playa, el castillo y la catedral, nos adentramos en la universidad. Cualquiera diría que aquello era una universidad. Desde fuera puede pasar totalmente desapercibida pero cuando entras es cuando ves porque es una de las más prestigiosas de Escocia. Un pequeño patio, con 4 edificios que lo flanquean, árboles frondosos que dan acogedora sombra en el césped, estudiantes descansando, leyendo un libro, comiendo una manzana… Uno ya no sabe si esto es 2011 ó 1815, la gente aquí se toma las cosas de una forma diferente porque puede, como decíamos todos: Yo en esta universidad si que estudiaría, leería, escribiría libros y sería intelectual. A parte, ese silencio tan mágico que hay en muchos sitios de aquí, que ni siquiera los españoles somos capaces de romper, nos vemos obligados a salir de ese idílico mundo y decir bueno, nosotros tenemos el jamón serrano.

Visto todo esto, St. Andrews no se compone de gran cosa más. La ciudad tiene 3 calles paralelas que son las arterias de toda la actividad, en las callejuelas que las conectan: puestos de libros de segunda mano, gente tocando música en la calle y escoceses de los de verdad que van a sus quehaceres tan tranquilamente como ellos saben moverse. Acabado el turismo no tuvimos otra cosa que hacer que ir de visita “al Tesco” y a Starbucks a cargar de provisiones para pasar el resto de la tarde tirados en el césped frente al mar y luego junto a la carretera esperando el autobús. Creo que debería darle otra oportunidad a esta ciudad en un día lluvioso y no mirándola con los ojos estos que se me han puesto desde que vivo en Edimburgo, estoy segura de que me enamoraré de esta ciudad.

Como la excursión acabó temprano, los profesores decidieron llevarnos a  South Queensferry, un burgo a las afueras de Edinburgh cuyo principal atractivo es el Forth Bridge y el menos conocido Forth Road Bridge por el que cruzamos para ir a St. Andrews. Había visto estos puentes de lejos cuando estuvimos en Cramond Island y no les había prestado demasiada atención y de hecho me parecían algo feos desde lejos. Pero la verdad es que tras la visita al Queensferry (que es un “pueblo-barrio” bastante bonito, la típica zona pequeña de bares y tiendas familiares todo muy cuidadito) cambió completamente mi opinión. Creo que es otro de los puntos de la ciudad que merece la pena ver, es otro contraste más. Colinas verdes contra estructuras de acero que resaltan pero no estorban. En concreto el Forth Bridge es bien conocido por su manera de cambiar de color según la hora del día y la luz que le den y por su fama de hipnotizar a los fotógrafos para hacerles fotos. (doy fe 🙂 ) Un pedacito de “NYC” en Edimburgo, pero eso sí al estilo escocés.

La semana terminó con más despedidas, en este caso de los “murcianicos” que  he conocido por aquí y con los que también he viví la mayor parte de la primera etapa aquí. Otra despedida más rodeados de pintas, de ganas de hablar y de reír. Este día lo aprovechamos en el Three Sisters, un pub bastante bueno sobre todo si las condiciones climatológicas permiten pasar el tiempo en su enorme terraza. Pero como poco a poco hemos ido descubriendo, en esta ciudad los pubs cambian de un día para otro y lo que un día es buena música y buen ambiente, se puede convertir en ambiente turbio (vocabulario cántabro) y música horrible.

El sábado terminamos nuestra semana particular (el domingo toco hibernar) comiendo cerdo asado del Oink, un puesto de comida para llevar en el que matan y asan un cerdo cada día y lo venden hasta agotar las existencias. Yo lo probé con cebolla y salsa de manzana y la verdad es que estaba bastante rico. También está la opción de ponerle tomate y haggis, pero el plato típico escocés se me sigue resistiendo y aún no me he atrevido a probarlo.

Tras unos días tan intensos la ciudad empezó a advertirnos de lo que se venía encima en el finde y nos mostró su cara más mística para que nos diéramos cuenta de que el sol que habíamos disfrutado estos días no se quedaría por mucho tiempo. En cuestión de minutos la ciudad fue apresada por una densa niebla que le dio, si se puede, un marco más místico. Lo gracioso es que justo el día anterior, cuando estábamos bajo el sol y en manga corta, yo dije que me encantaría ver la ciudad con niebla, que seguro que se hacían muy buenas fotos. Edimburgo me hizo caso, pero yo no iba cargada de cámara e hice lo que buenamente pude con la del móvil.

QUINTA SEMANA

Podéis respirar tranquilos, esta semana fue de las más rutinarias de todas las que hemos tenido. Tras cuatro semanas tan a tope, visitando lugares de aquí para allá los cuerpos no nos pedían muchos trotes y decidimos hacerles caso. Estos días estábamos con la gran incertidumbre de quién llegaría nuevo a la escuela porque ya habíamos despedido poco a poco a la gente con la que más nos habíamos relacionado y tocaba abrir nuevos horizontes. Por suerte, las nuevas incorporaciones a la escuela fueron como un soplo de aire fresco. Gente con energías renovadas y ganas de descubrir y descubrir. A pesar de eso, no tuvimos gran actividad y nos reservamos solo a algunas noches donde estuvimos en bares, y conociendo poco a poco a esta nueva gente.

Por algo que sí estuvo marcada esta semana es por la búsqueda de trabajo, yo ya tenía una oferta casi asegurada para comenzar a trabajar en Enero con una familia y tras la entrevista pareció confirmarse que tengo una vía de futuro para volver por estas tierras en el “próximo año”. Además mi compañera encontró una buena oferta en un bar de tapas español de por aquí. Tras tantos papeleos y comeduras de cabeza todo ha surgido de una manera mucho más fácil de lo que podíamos prever.

Respecto a mi posible trabajo en Enero, decir que sería en la zona del puerto de Leith a la que solo le di un vistazo a lomos del Porsche Cayman de mi posible nueva jefa y debo decir que me encantó. Me quedé con muchísimas ganas de volver a turistear un poco y me pareció que como nuevo barrio podría ser ideal. Un barrio tranquilo pero con mucha actividad a pocos minutos andando. Además, bien comunicado con el centro y con el mar justo enfrente de casa. Desde luego no es nada mala opción de futuro. Quizás pueda volver a visitar a mis posibles futuros jefes en estas semanas y pasear un poco más por el barrio.

Tras tantos días de letargo mi espíritu de rastreator necesitaba más, no podía ser que estando en esta ciudad y aún con cosas por visitar estuviésemos tan parados. Así que convencí a mis compañeras de ir a visitar Dean Village, un barrio que forma parte de un antiguo pueblo dentro de la ciudad y a las orillas del enorme Water of Leith. Sinceramente, y no porque fuese mi idea fue un acierto escoger esta zona. No es demasiado conocida, y no está en la mayoría de diarios de viaje o recomendaciones que puedes leer en la red pero puedo asegurar que merece la pena.

Lo mejor es coger la ruta que te lleva por la orilla del río hasta encontrarte de lleno con este minúsculo lugar (apenas son unos 5 o 6 edificios antiguos) pero es una zona tan extremadamente tranquila y tan bonita que merece dedicarle una mañana si vamos sobrados de tiempo. De lo mejor también es el enorme cementerio que hay en este barrio. Uno de los más grandes que hemos visto hasta ahora, con un montón de tumbas con mi nombre como es lo normal aquí y con un montón de esas hojitas marrones que se están convirtiendo en mis musas favoritas en mi estancia aquí.

Como buen domingo teníamos que encontrar un lugar un poco más cool para tomarnos el lunch y esta vez elegimos volver a Princes Street Gardens, el mejor sitio para tirarse al césped (en el caso de este día no) y comer mientras las gaitas amenizan. Posteriormente cogimos de nuevo rumbo a Royal Mile y subimos por primera vez a la explanada de las puertas del castillo. Hace poco leí que uno sabe que no es turista y está viviendo en Edimburgo cuando nunca ha visitado el castillo. En el caso de muchos de nosotros es una realidad. Eso sí, sigue teniendo cierto magnetismo y puede que si vuelvo y puedo permitírmelo traspase sus muros. Lo mejor, las vistas desde allí de todo Edimburgo. Una buena manera de decirle adiós a otra semana ¿no?

Y así acabó la quinta semana.

SEXTA SEMANA

Sexta y última semana del curso. La semana en la que me encuentro aún con todo el cansancio sobre la espalda. Después de 5 semanas de curso intensivo que finalmente me ha demostrado enseñarme algo. Tras el cambio de profesora de hacia un par de semanas me he sentido mucho más cómoda y he aprendido cosas útiles. Lo que más me gustaba es que cuando terminaba la clase siempre decía algo así como: Y ahora vuestros deberes son usar esto en el mundo real. 🙂

Pocos planes en el horizonte teníamos tras haber pateado prácticamente todo Edimburgo de punta a punta. Estoy segura de que si nos hubiesen puesto un gps en los pies saldría cubierto prácticamente el 70% de la ciudad. Así que ya solo nos queda hacer vida normal por aquí, seguir nuestra rutina y disfrutar de la gente que estamos conociendo. ¿Qué mejor manera que ver un partido de fútbol de tu país contra el país extranjero en el que estás viviendo? Decidimos jugarnos nuestra integridad física yendo a un bar que considerábamos más turístico que escocés. Pero que sorpresa entrar y ver el bar lleno de armarios de 3×2 que son estos escoceses, llenando hasta el último rincón de The Standing Order, que no es precisamente un sitio pequeño. Durante los primeros goles estuvimos callados por respeto, y en mi caso también porque no me importaba demasiado el partido, pero luego les oímos comentar que “calladitos” estábamos los españoles así que celebramos el tercer gol como si nos hubiese dado un mundial, dejando claro de donde venimos y lo borreguicos que somos, jejeje. Eso sí, me encantó la actitud de los escoceses, celebraban cada corner como un penalti, cada tiro cutre que hacían como un gol y fueron bastante pacíficos a pesar de los litros de cerveza que se meten en el cuerpo. Incluso un borrachín que se pasó medio partido con nosotros en vez de insultar al equipo de España o quejarse de las faltas lo que hacía era echar sapos y culebras por la boca en contra de los ingleses. Aquí el único odio que les importa es el que tienen contra sus vecinos, a nosotros nos tienen cariño. Es totalmente cierto eso de que cuando se enteran de que eres español se ponen a lucir su pobre nivel diciendo cosas del tipo: Hola, ¿qué tal?. No dan para más…

La semana a pesar de haber sido rutinaria ha tenido cosas chachis como que el miércoles en vez de dar la clase de la tarde convenciera a la teacher sustituta de que nos pusiera una peli. El caso es que la peli que nos puso fue Braveheart y bueno, recordaba cosas diferentes y no me gustó mucho. Que malo es a veces todo lo que hemos aprendido en la carrera, por ejemplo ya no puedo ver nada relacionado con la cultura que no sea fiel con los hechos  y Braveheart es todo menos fiel con la historia. jajaj

Finalmente llegado el viernes tocaba recoger nuestro flamante certificado de curso intensivo de Advance de 6 semanazas y salir con los compañeros al que dicen que es el mejor buffet de curry de Edimburgo de cuyo nombre prefiero no acordarme. No me gustó mucho el invento del curry y eso de estar sudando como un pollo comiendo un plato de arroz con oveja (que no con cordero) que picaba como para matar a un regimiento. Y ahí estábamos los italianos y los españoles quejándonos de que eso era un bazofia y mi profe y las suecas diciendo que es que somos unos sosos que como somos como primos solo nos gusta la comida italiana y española entre nosotros. jajajaaj No es que estuviera malo, es que picaba demasiado y eso de comer sufriendo no está en nuestra cultura, eso sí cuando haga más frío no descarto comerme otro plato de eso, te calienta la sangre que es un gusto.

Por la noche, un compañero de la escuela organizó una cena internacional en su casa. Cada uno tenía que preparar algo típico de su país y llevar algo de beber. Estuvo súper bien el intercambio cenamos: jamón serrano, queso curado, tortilla española, olivas, mojete (esto lo hice yo… jej), pasta carbonara de la de verdad y un pastel sueco que aún se me hace la boca agua cuando me acuerdo. Además todo esto acompañado con un Rioja que puso el anfitrion y vino chileno e italiano (ahí es nada). Todo muy sibarita y todo un lujazo cuando llevas seis semanas comiendo sandwiches a medio día y cenas cutres por la noche. Pero lo mejor de la noche es que fue la primera noche que pudimos disfrutar a tope, no haciendo nada en especial pero compartiendo con los compañeros y hablando un poco de todo. Lo genial aquí también es que aún no hemos encontrado un solo pub que no sea especial, que no tenga algo diferente que te haga querer volver. Personalmente lo que adoro es la música que ponen en muchos de ellos. Escuchar a tus grupos favoritos estando de fiesta o que incluso la banda del local toque en directo algunas de tus canciones favoritas es como un sueño. 🙂 En este caso fuimos a Finnegan’s (un pub irlandés) y Espionaje (un pub/club de fiesta con muchas salas con música y ambientes distintos). Una flipada.

Gente muy chaaaachi!:)

La semana acaba esta vez con la visita al famoso Royal Botanic Garden que tantas semanas hemos ido aplazando hasta hoy. Tengo que decir que he pasado de tenerlo en la clasificación de must visit como lo tenía todo el mundo a un “bueno si te sobra tiempo siempre puedes pasear”. A ver, me explico. Es un sitio bonito, enorme y lleno de árboles y plantas exóticas. Está más o menos bien cuidado excepto algunas partes pero recomendarlo en todas las páginas web como un lugar que tienes que ver al nivel de Royal Mile me parece absurdo. Es como decir que quien va a París tiene que ver Disneyland igual que ver el Sacre Coeur. Es un sitio que está bien, que tiene invernaderos chulos a los que no hemos entrado por no pagar, pero que sinceramente es una mezcla absurda entre lo natural y lo artificial. Hoy viéndolo me he acordado de mi tío Rafa que me dijo que posiblemente era el parque que menos merecía la pena de todo Edimburgo y en parte creo que es cierto. El resto de parques tienen su encanto, este está hecho adrede y sin una lógica aparente. Pero, voy a hacer justicia (sobre todo para que Laura no se enfade que ya bastante ha aguantado conmigo toda la mañana despotricando…jajaj) si no esperas nada, puede que te sorprenda y hay partes realmente cuidadas y bonitas que seguro que os gustan a la mayoría. A mí lo que más me ha gustado ha sido el bosque de las hadas (aunque era un poco cutre pero yo soy así de infantil) y el ambiente en general de pasear entre mini-lagos, cascadas y árboles enormes.

Otra cosa que ha molado es que nos hemos encontrado con una degustación de tipos de manzanas escocesas (y como era gratis hemos comido muchas) y con una degustación de un zumo de un tipo de manzana riquísima prensado a mano. Nos daban como un vaso de chupito con zumo y estaba delicioso aunque también muy empachoso. A saber cuanto podía valer cada botellita de eso. Me hace gracia porque todo este tipo de cosas son tan sumamente guiris: ir al Royal botanic garden un domingo y encontrarte con una degustación de manzanas y que eso te parezca todo un acontecimiento (a nosotros no tanto pero a los guiris se les veía entusiasmados).

Después de otro día maravilloso tocó otra despedida más, en este caso Helena, que se nos marchó a Italia. Desde luego si algo estoy aprendiendo es a despedirme, eso sí porque sé que todo son “hasta luegos” que si no, no sería tan fácil.

Y bueno, otra semana que se va volando, el tiempo aquí ya no va rápido va acelerado y parece que en cuestión de segundos pasen días enteros. He pasado de disfrutar la aventura a sorbitos, a tener que beber cualquier gotita que se me ofrece antes de que se pase la oportunidad de probarla. Lo bueno es que aprecio tanto esta oportunidad de vivir algo así ahora que puedo hacerlo que creo que estoy guardando lo máximo posible en mí para que me de el máximo posible en el futuro. Sé que echaré mucho de menos cada uno de los días que he pasado aquí y por eso sé que tengo que valorar la posibilidad que tengo de volver en otra experiencia totalmente diferente.

Ahora me toca una de las mejores partes de la aventura, disfrutar de esto con las personas que vienen a visitar, todas esas personas que he tenido en mente cuando he paseado por estas calles. Muchos de ellos vienen a acompañarme en estas últimas semanas y tengo que dar el todo por el todo para que la ilusión que he mostrado en este blog no se quede en palabras y sea una realidad también para todos ellos. Pero antes, me toca a mí volar a visitar Derry y a la pequeña Sara, veremos que me espera en la isla esmeralda.

Me despido diciendo para todas esas  personas que  me han dicho, que las palabras de mi blog muestran entusiasmo que me alegro de que así sea. Lo único que tengo que añadir es que no todo en la vida es del color que nos gustaría verlo, pero uno debe sacar fuerzas suficientes para mirar hacia el horizonte que quiere alcanzar. Nada puede detenernos entonces, estamos Standing On The Shoulder Of Giants* y nada puede estorbar nuestra vista.

Ahora podéis respirar y descansar de blog al menos hasta la semana que viene con la aventura en Derry o incluso hasta el final de la aventura cuando contaré como acaba todo y las reflexiones posteriores a la experiencia.

*Esta inscripción está en las monedas de 2 pounds y es una cita de  Sir Isaac Newton: “If I can see further than anyone else, it is only because I am standing on the shoulders of giants”

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Tercera semana – Edinburgh, how could be better?

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Llegamos a la tercera semana, a la que yo defino como cuando empezamos a movernos por aquí en “modo experto”. Nos sabemos la ciudad como la palma de nuestra mano aunque nos quedan muchos trocitos por explorar, por no hablar de todos los pubs que aún tenemos por visitar ¿cientos? ¿miles? Pero bueno, una de las cosas que estoy aprendiendo por la falta de tiempo es que es mucho mejor descubrir una ciudad a sorbitos que beberlo todo de golpe.

Con Laura

La semana estuvo marcada porque al fin Laura (una cántabra majísima que me va a acompañar durante toda la aventura…^^) y yo pudimos hacer el Free Tour que te enseña los entresijos de Old Town. Podría entrar a explicar todo lo que nos contaron que fueron muchísimas leyendas e historias reales sobre la ciudad de Edimburgo y sobre Escocia. Mi resumen sería que aún no he llegado a entender de todo cual es el mecanismo por el que funcionan los escoceses, pero su locura empieza a parecerme una de las mejores opciones de vida que existen. Lo resumiría todo en que esta gente no se preocupa, se emborracha. Y no es que me quiera dar al alcohol como forma de vida, pero su visión de dejar pasar y ser feliz es bastante acertada. 😉

Lo que más palpable es en esta ciudad en relación con su pasado es que esta ciudad ha sido “grande” y digo grande entre comillas porque no es una ciudad con demasiados habitantes, ni tampoco es grande en extensión pero tengo la fortuna de vivir en una de las ciudades que fue considerada la más importante de la época de la ilustración, que se puede reír de sus vecinos ingleses porque cuando allí la universidad era sólo para clérigos y la madurez de su sistema social estaba en pañales aquí luchaban por la educación del pueblo. Pero a la vez mezclan eso con una forma de ser rayana a la locura, que las hace hacer cosas del tipo robar la famosa piedra del destino cuando estuvo en manos inglesas (recomiendo encarecidamente leer sobre esto porque es para troncharse…) Aunque resumiendo lo que recomiendo es que si alguna vez venís hagáis uno de estos tours porque realmente te dicen mucho de como es la ciudad y hacen que pasear ya no vuelva a ser lo mismo.

Esta semana también estuvo marcada por la despedida de nuestros compañeros de aventuras durante estas tres semanas, la verdad es que da realmente pena despedirse de la gente porque la vida aquí deja de ser lo mismo conforme se van marchando. Lo bueno es que las despedidas se hacen a base de salir de pubs, y eso siempre es sinónimo de descubrimiento. Esta vez estuvimos en el conocido Frankestein, un pub bastante caro y que no terminó de merecer la pena porque no pudimos ver el espectáculo del monstruo apareciendo. Una pena. Lo que si que confirmo que merece mucho la pena es la zona de Grassmarket (tanto de noche como de día) tiene encanto y atmósfera, es de ese tipo de cosas que está llena está ciudad, de ese tipo de cosas que uno no sabe describir.


Una vez despedidos todos, tras una ¿penúltima? visita al National Museum y su azotea, decidimos planear el fin de semana. La idea era disfrutar del Edinburgh Open Doors Day, que consiste en todo un fin de semana en el que muchos monumentos cerrados al público son abiertos y muchos otros en los que se suele cobrar entrada son gratuitos. Desafortunados nosotros que este ha sido el primer año en el que la visita al castillo no ha figurado entre las opciones. 😦 Pero a la vista del estrepitoso fracaso que supuso este plan poco nos importa que estuviera incluído o no. El caso es que la mayoría de las cosas que figuraban en la extensa lista requerían de reserva previa y no lo descubrimos hasta explorar un poco y agotar la mañana de un lado para otro.

Lo que realmente mereció la pena de esta mañana fue poder visitar el Royal Lyceum Theatre Edinburgh que estaba ambientado con algunos actores simulando a los supuestos fantasmas que viven en él y donde se podía ver y visitar (en este caso con reserva) el escenario preparado para Mary Queen of Scots got her head chopped off. La obra, a juzgar por lo que vi en el escenario y por lo que pude ver y leer después promete psicodélica por los cuatro costados y claro eso es sinónimo de que tenga muchísimas ganas de verla. ¿Quién sabe? Quizás en unas semanas pueda pagarme la entrada de 15 libras para ir a echar un vistazo. El caso es que visitar el liceo me recordó a mis amigos los artistas y como lucirían de bien en ese escenario y en ese teatro tan sofisticado, a lo mejor algún día puedo decir que tienen algún cartel colgado por aquí. O quizás sea la próxima paranoia Theatrae lo que acabe estrenándose por aquí. 🙂

Con este tiempo que nos está haciendo ¿quién dijo que en Escocia hacía un tiempo horrible? no teníamos otra opción que irnos a comer a Princes St Gardens, tirados en la hierba recién cortada y con las hojicas de tonos ocre dándole ese aspecto de otoño eterno a todo. Y siempre se oyen gaitas a lo lejos, comiéndonos nuestros recurrentes sandwiches de lunch y simplemente viendo el momento pasar.

Momentos curiosos en esta ciudad, ir por la calle y encontrarte un montón de gente bailando estilo años 20 o algo así que aparece como de la nada:

Pero no todo es tirarse en la hierba así que voy  directa a lo importante de la semana, la visita a Cramond Island. Menudo sitio y otra vez sin salir de la ciudad, sigo impresionándome de ver lo heterogéneo de esto. Pues bien, nos decidimos a ir a Cramond Island a las 4 de la tarde porque es cuando empieza a bajar la marea que permite cruzar del ¿barrio? ¿pueblo? de Cramond hasta la isla que hay enfrente (a una y milla y media).

Es impresionante ver una marea que se mueve con tanta rapidez y que descubre un camino perfecto hasta el otro lado. Decir que me sentí como en La Isla de Perdidos es poco. En serio, que esta ciudad me hace sentir tonta porque nunca consigo encontrar las palabras que definan lo que se siente y lo que se ve cuando uno hace cosas de este tipo después de una semana de acá para allá y de repente sentirse en el medio de la nada, con estampas difíciles de ver allí de donde vengo.

El mar que desaparece ante tus ojos dejando un espejo de agua en el suelo que refleja estas nubes de aquí que parecen de mentira y el aire que se mueve (y bastante) llenándote los pulmones y recordándote lo vivo que estás. Un lujo.

Por la noche, tras unos horas que pasaron volando en la magia de la isla, fui invitada a cenar tortillica española en un albergue del centro (Princes St  East Backpackers). ¿Cómo definir el rollo del albergue? “Hippie style”, pero bueno me sentí más que cómoda con mis murcianicos ahí preparando la cena codo con codo y con sus compañeros Erasmus, franceses y español, dando el toque multicultural al asunto. Cenamos con vistas al Balmoral, menudo lujazo y con sabor de vuelta a casa. Menciono mi visita fugaz a un albergue en el blog por dos cosas:

1. Si queréis venir a un albergue en el UK es la mejor forma de relacionarte con gente y la más barata. Sin duda merece la pena.

2. Armaos de paciencia para sobrevivir en un sitio así.

El día acabó con un nueva noche en “el laberinto” del que ya hablé la semana pasada pero del que cabe la pena destacar la manera de “vampirizarse” los sábados. Ya nos habían advertido de que los sábados abren las puertas de Mordor (Glasgow) y todos deciden venirse para acá (aunque también ocurre viceversa). Que decir, pues que el sábado no es el mejor día para salir por esta ciudad y menos si te has pegado una paliza turista durante todo el día, pero nos vino bien para comentar la jugada de como había ido todo el día. Prontito (tarde para estos guiris) a descansar y pensar en el día siguiente.

Día de domingueros, nos fuimos a echar un vistazo al Sunday Market, un mercadillo en un parking en Leith St junto al Omni Center. El reciclaje llevado a su máxima extensión, lo que ya no usas es susceptible a ser vendido porque a alguien puede interesarle. Para que os hagáis una idea es un parking tamaño Corte Inglés style lleno de maleteros de coche abiertos con todo tipo de cosas (resumen explicativo: vestidos de novia, guitarras, cestas de picnic…) a precios de saldo.Yo conseguí comprarme un libro por 10 peniques y otro por 40, bromeábamos con como se pasaban los que nos pedían una libra por un libro. Interesante visitarlo si tienes muchos días en la ciudad o si te toca un domingo lluvioso.

Pero el plan no quedaba ahí, el domingo era el día de la barbacoa The Meadows. Nos juntamos una buena troupe con mezcla internacional como de costumbre, polaco y franceses incluídos y nos dispusimos a pasar la odisea de comprar todo lo necesario para pasar la tarde tirados en el césped.

Barbacoas de usar y tirar, carne, galguerías y un intento de tarta de cumpleaños (uno de los franceses había cumplido años hacia unos días).  De este plan decir que como es habitual en esta ciudad, a pesar de que no estamos viendo lo peor de ella, el tiempo nos cambió justo cuando asentamos el campamento en el parque. Todo parecía ideal, incluso la cajera del supermercado al vernos con las barbacoas nos dijo que era un día ideal para salir, pero aquí el cielo azul no es signo de un buen rato de calma. En cuestión de minutos todo se ennegreció y a pesar de que la lluvia se portó bien, no fue la barbacoa ideal que todos imaginábamos bajo el sol. Aún así, tuvo su punto poder jugar “El pueblo duerme” en inglés y pasamos un día agradable con la tontería de estar asando comida y hablando. Eso sí, este parque es otra visita obligada (cualquier día para tomar el lunch, por ejemplo) porque el ambiente es muy chulo. Mucha gente joven, jugando al fútbol, a las cartas, tocando la guitarra o tirados al sol.

Esta semana las cosas parece que se están acercando a un ritmo de rutina, ya no me siento una turista aquí, si no más bien una habitante más que se pierde de vez en cuando. El domingo de hecho de broma dije: vosotros fiaos del cielo pero yo que vivo en Edimburgo os digo que en cuanto posemos las barbacoas se nubla. Evidentemente todos me odiaron por gafe cuando después se cumplió la profecía, pero a mi me hizo gracia darme cuenta de que me he acostumbrado hasta a las locuras que el cielo hace aquí.

Esta entrada ha sido un poco más “diario personal” pero es que como digo, ya me cuesta hablar desde la perspectiva de alguien que no ha visto esto nunca. Aún así sigo con la sensación de vivir en el decorado de Sweeney Todd, en el bosque encantado, en una postal otoñal o en un poema de Poe.

También la forma de esta entrada ha sido así porque mi memoria no ayuda demasiado, prometo escribir la siguiente con las ideas de la cuarta semana (que ya casi acaba) mucho más frescas. 🙂

Agur!

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